{"html":"<div class=\"overlay-card\">\n    <img src=\"https:\/\/www.lambare.com.py\/storage\/thumbnails\/elRSMpsPHJ8mllgwRvJRd8QTMjcB5dhkG8sp703C.jpg\" alt=\"\" class=\"img-fluid overlay-img\">\n    <div class=\"overlay-body\">\n        <h3>El abuelo que salto por la ventana y se largo<\/h3>\n        <h4>Gs. 20<\/h4>\n        <p>Momentos antes de que empiece la pomposa celebraci\u00f3n de su cent\u00e9simo cumplea\u00f1os, Allan Karlsson decide que nada de eso va con \u00e9l. Vestido con su mejor traje y unas pantuflas, se encarama a una ventana y se fuga de la residencia de ancianos en la que vive, dejando plantados al alcalde y a la prensa local. Sin saber ad\u00f3nde ir, se encamina a la estaci\u00f3n de autobuses, el \u00fanico sitio donde es posible pasar desapercibido. All\u00ed, mientras espera la llegada del primer autob\u00fas, un joven le pide que vigile su maleta, con la mala fortuna de que el primer autob\u00fas llega antes de que el joven regrese y Allan se sube sin pensarlo dos veces, con la maleta ajena a rastras. A\u00fan no sabe que el joven es un criminal sin escr\u00fapulos y que la maleta contiene muchos millones de coronas. Pero Allan Karlsson no es un abuelo centenario cualquiera (a lo largo de su vida ha coincidido, en una sucesi\u00f3n de hilarantes encuentros, con Franco, Stalin o Churchill; adem\u00e1s, ayud\u00f3 a Oppenheimer a crear la bomba at\u00f3mica, fue amigo de la esposa de Mao y agente de la CIA, siempre fiel a su absoluto rechazo a dogmas e ideolog\u00edas). Esta vez, en su en\u00e9sima atropellada aventura, cuando cre\u00eda que con su jubilaci\u00f3n hab\u00eda llegado la tranquilidad, est\u00e1 a punto de poner todo el pa\u00eds patas arriba.<\/p>\n        <a href=\"#\" class=\"btn btn-primary w-100 btn-add\" data-id=\"448\">\n            <i class=\"far fa-shopping-cart\"><\/i>\n            <span>A\u00f1adir al carrito<\/span>\n        <\/a>\n    <\/div>\n<\/div>\n"}